Consumismo y construcción nacional
es un artículo del miembro de la RED VASCA ROJA Alfontso Martinez Lizarduikoa publicado en GARA el 21 de enero del año 2001.
Alfontso Martínez Lizarduikoa * Doctor en Ingeniería y filósofo
Nuestro país está cambiando a marchas forzadas. Consumo masivo en las grandes superficies a costa de la ruptura total del tejido urbano y de la convivencia humana de barrios y ciudades, junto al aniquilamiento de los sectores productivos más débiles (agricultores y ganaderos, pescadores, pequeños comerciantes, distribuidores independientes...) Multinacionales del ocio que nos arrebatan el descanso semanal que el trabajador (tras muchos años de dura lucha política y sindical) había recuperado de la explotación a la que estaba sometido, para ubicarlo en el terreno de su propia libertad y creatividad, escapando así de alguna manera a la explotación a la que se veía sometido durante la larga y dura semana de trabajo, ahora nos lo dirigen hacia los grandes centros de ocio en los que todos los «servicios» están bajo el control de las multinacionales de la alimentación y del espectáculo. Estructuración del territorio en función de dichos intereses multinacionales (con la colaboración de las autoridades públicas locales) a través de grandes sistemas de autopistas y la consiguiente suprautilización del automóvil como instrumento de conexión entre la vivienda individual y los grandes centros comerciales. Viajes vacacionales organizados sin la más mínima posibilidad de contacto con otros pueblos, culturas y formas de vivir diferentes, a los que de paso se desestructura cultural y económicamente. Multinacio- nales de la moda que nos dicen cómo vestir exportándonos el cutre modelo americano como paradigma de la modernidad. Invasión total de la privacidad a través de la radio y televisión en un principio, y después del Internet, multimedias, nuevos sistemas telefónicos integrales... Y esto no ha hecho más que comenzar.
El imperialismo en esta nueva fase de acumulación ha decidido que todo el planeta es de su propiedad y para ello transforma a todos los seres vivos en objetos de extracción de plusvalía, sin límites espaciales ni temporales. El imperialismo económico necesita para esta nueva fase a seres dóciles que consuman compulsivamente y crean que dicho consumismo compulsivo está ligado a la modernidad, a la calidad de vida y al progreso. Una nueva falacia.
El consumir es necesario para el desarrollo del ser humano y de la sociedad. Como nos recuerda Fromm «el acto de consumo es un acto humano concreto, en el que deben intervenir nuestros sentidos, nuestras necesidades orgánicas, nuestro gusto estético, es decir en el que debemos intervenir nosotros como seres humanos concretos, sensibles, sentimentales e inteligentes; el acto del consumo debiera ser una experiencia significativa, humana y enriquecedora. En nuestra cultura, sin embargo esto no es así. Consumir hoy en nuestra sociedad es, esencialmente, sa- tisfacer fantasías artificialmente estimuladas, ajenas a nuestro ser real y concreto». Comemos y bebemos con todo menos con el paladar, vestimos o viajamos a través de fantasías colectivas inducidas por los potentes instrumentos de manipulación de la opinión pública que nos desvían el acto liberador del consumo convirtiéndolo en una actividad compulsiva e irracional; es decir, en una patología llamada consumismo. Los nuevos modelos de consumo no son, por tanto, señales de modernidad, sino señales de una profunda enfermedad mental, que alcanza niveles colectivos muy inquietantes, sobre todo si recordamos que sobre dicha manipulación colectiva se encuentran los cimientos de los fascismos y otras formas dictatoriales o autoritarias más modernas de manipulación social.
La patología consumista desestructura, además, la libertad mental y material del individuo y de la sociedad. La creación de nuevas necesidades artificiales somete al enfermo (individual o social) a nuevas dependencias y en consecuencia queda esclavizado por las estructuras simbólico-económicas que le dominan. De esta manera una persona o un pueblo consumistas jamás podrán ser libres o independientes. Aún recuerdo una frase del revolucionario vasco Argala cuando al ser preguntado por los peligros más importantes que acechaban al movimiento de liberación vasco en el futuro próximo apuntó, proféticamente, que el que más le preocupaba (por encima de la represión) era el del alto nivel de consumo (consumismo) que se daba ya en aquellas fechas en la sociedad vasca. El pueblo vasco siempre ha sido un colectivo con recursos económicos y humanos limitados, y el consumismo (la patología consumista) jamás ha sido una de las señas de identidad de nuestro pueblo. Aquellas limitaciones nos dieron históricamente, además, una cierta independencia frente a la rapiña de los imperios, ya que no poseíamos el mercado crítico necesario para ser codiciados y conquistados. Ahora, sin embargo, en la actual fase de concentración de capital y altas tecnologías en la que nos encontramos inmersos, todo el espacio planetario se ha convertido en sujeto de depredación y el consumismo no es sino la llave maestra del imperialismo para someter a todos los pueblos de la tierra, incluido el nuestro, por supuesto. Si no somos capaces de reflexionar profundamente sobre este gravísimo asalto del imperialismo del siglo XXI a la libertad de los pueblos, y si no somos capaces de articular una práctica de izquierdas consecuente con dicho análisis, la reivindicación de independencia nacional no pasará de ser un discurso superficial carente de contenido porque no tendrá base real sobre la que encarnarse. *
Alfontso Martínez Lizarduikoa
* Doctor en
Ingeniería y filósofo